Preferimos reir que llorar
Calcuta, 2009. Entro a trompicones en el templo de Kali. Consigo hacerme paso entre los fieles y logro acceder hasta lo que parece ser el fondo. En efecto, el pasillo se ensancha hacia un patio abierto donde justo en ese momento decapitan a una cabra. Su cabeza rueda varios metros más allá del cuadrado central mientras que su tronco continúa moviéndose, convulsionando, cercano a nosotros. Hay sangre por doquier. Un oficiante del templo viene hacia mí: “has tenido suerte, nos ha visitado una familia rica del norte y hemos podido hacer este sacrificio justo cuando entrabas. ¡¡¿Qué te ha parecido?!!” Me llevó hasta un atril muy alto donde me esperaba un enorme libro de visitas internacionales. Quería que escribiera mi experiencia y se quedó a mi lado, pendiente de lo que fuera a poner, o quizá esperando una propina. Tenía calor, olía mal, no quería una visita guiada y no me atrevía a hacer fotografías. La verdad es que para estar teniendo suerte me estaba encontrando bastante mal.
Este artículo versa sobre lo bueno que es sufrir un poco.
Comencé a bailar hace 25 años. Entonces bailaba pop. Ahora, también. Si 20 años no es nada, 25, tampoco; no lo son para todo lo que hay que contar ni para todas las maneras posibles de hacerlo. Mis danzas orientales occidentales beben de varias tradiciones y pasan luego por el manantial salvaje de la propia experiencia.
Cuando digo que bailo pop me refiero al género musical egipcio y libanés; turco también. ¿Alguien recuerda Simarik, la canción del besito de Tarkan?
He presentado varias coreografías “pop” en galas presenciales y online, así como en concursos de Festivales celebrados en Cataluña.
Me gustaría explicaros aquí un entresijo de estas competiciones; no llega a ser una polémica, pero sí que da bastante que hablar entre la comunidad bailarina y es que la categoría de Pop Oriental resulta englobar tanto el pop propiamente dicho como el género lírico o romántico. El primero se baila con suelto rigor, con relativa despreocupación formal y una frescura especial en la colorida indumentaria debidas a la distancia de la propia expectativa amorosa. El segundo se baila encarnando apasionadamente la historia, siendo en general desafortunada.
“Para que el espectador se identifique con el héroe, éste debe ser un personaje noble y debe despertar sentimientos respetuosos. El héroe trágico es al mismo tiempo culpable e inocente, ni excesivamente virtuoso ni excesivamente malvado (de lo contrario no se generaría la compasión). Las desgracias del héroe trágico se originan en la HAMARTÍA, entendida como el traspié desafortunado del héroe que genera un cambio de fortuna o como el acto del héroe que pone en marcha el proceso que le conducirá a su pérdida”1.
Julia Boutros – Enzaa Belly
Como veis suele interpretarse con ropa oscura, brillante, pero sobria de algún modo. Pueden ser vestidos o trajes de dos piezas. Pueden complementarse con joyas increíbles o carísimas extensiones de pelo, pero el look se compone de cierto arrastre nostálgico.
El otro, el popular pop, consiste en un regocijo audiovisual postadolescente muy cercano al de los números musicales del Bollywood -no en vano este tipo de cine es consumido en buena parte de sus países árabes vecinos- en lo extremo de su estética y en el romance como tema principal o prácticamente único. Se dice que es comercial, no por facilón sino por contar con un mecanismo tan eficaz como el de los broches de un simple clic: tiene la habilidad de insertar el sintetizador dentro del Maqsum, el ritmo típicamente utilizado en una canción del día a día, de música, digamos, ligera. Es un esquema verdaderamente popular consistente en cuatro tiempos (4/4), se tararea en «Dum Tac Tac Dum Tac». Alterna el grave DOM con el agudo TAC. También inserta guitarras eléctricas y baterías occidentales.
Hay muchísimos vídeos musicales de este estilo, con cantantes que miran a la cámara seguidos de su coro en medio de un alboroto urbanita irrumpido por enormes jardines, frutas o rosales.
Wael Kfoury – El Bint El Awiye
Suele haber en ellos un componente moderno y otro tradicional que puede encontrarse bien en los personajes principales o secundarios o bien en las ambientaciones. Este pop se cruza con otro estilo, el Shaabi, en el sentido de utilizar un lenguaje coloquial y de tratar temas cotidianos.
Ruby – Namet Nenna
Ambos son reconocibles, ambos gustosos de interpretar y contemplar. Sin embargo, hay bailarinas que solo hacen pop y otras que solo hacen romántico, en parte porque ambas interpretaciones son adictivas, y también porque la memoria del cuerpo nos lleva a aquel territorio expresivo donde mejor se expande. Eso se puede comprender. La pregunta es por qué se engloban ambas vertientes en la misma categoría en las competiciones, cuando son tan dispares en fondo y forma: el “pop” se acerca mucho más al baile espontáneo que transita saltarín entre estrofa-estribillo-estrofa, aderezado con salerosos acentos y resultonas y proezas físicas, mientras el romántico es rotundo, exigente, y en ocasiones altamente gimnástico y estilizado, cercano incluso al baile de salón o al deportivo.
David Abraham – Kam Marra.
Si tirásemos de cada estilo hacia su extremo, podríamos afirmar que el uno es comedia romántica y el otro es tragedia. No se trata de tener por un lado a Lina Morgan y por el otro a Isabel Pantoja. En ambos repertorios encontramos una narrativa identificable plagada de matices. Pero vayamos por ese sendero a ver hacia dónde lleva. La comedia no exime del drama; de hecho, florece del respiro que se brinda en el momento en que el drama comienza a digerirse, o incluso en el de su ausencia temporal, la ausencia entre el anterior y en siguiente. Decía Aristóteles: comedia = tragedia + tiempo.
En nuestro artículo anterior, Habibi Amado, veíamos que cada canción que escuchamos y coreografiamos encaja en una fase, tipo o subtipo del abanico vivencial del sentimiento amoroso. De manera que todas ellas provienen del profundo sentir o van directamente hacia él.
Lo que sucede, y creo que es la clave, es que el pop nos deja una buena sensación: es ligero, delicado, con un balance preciso entre cotidianidad y artificio, con la más rural fiereza y la más persa de las coqueterías. ¡Irresistible! Puede haber sorpresas, pero no contratiempos. Sin embargo, de bailar o presenciar una canción lírica-romántica uno no sale airoso. Es puro sentimiento, sin tregua. Tampoco afirmaremos que no queremos NADA que nos agite. Si fuera así, no veríamos películas de miedo ni iríamos al circo a presenciar saltos mortales; tampoco existiría el boxeo. Sufrimos por el intérprete y no digo que nos guste, pero sí que puede llegar a ser liberador. El planteamiento de Aristóteles señala a ese proceso2.
“El punto de mayor importancia en la definición aristotélica es el de CATARSIS, entendida como la purificación o purgación de las pasiones desatadas por la tragedia (estas pasiones son la compasión y el terror). Esta CATARSIS se genera, en los espectadores, a través de la SYMPATHEIA o sufrimiento con el héroe. Dicha SYMPATHEIA tiene lugar cuando el espectador se identifica con el héroe trágico.”
Pero es innegable que, aunque tengamos “suerte” y acabemos purificados, o sea, “bien”, se pasa mal. Y a lo mejor, no queremos.
“Has arrebatado las carnes de mis huesos
Dejándolos tan desnudos
que sudan y se enfrían por ti.
Los has vaciado de su tuétano
dejándolos como tubos
por los que pasa el viento silbando.”
Al-Hariti3
Imaginemos a unas amigas en la peluquería; al principio hay un cruce de conversaciones frívolas y risitas que responden a esa euforia de grupo. Pero de repente una de ellas, ¡ay! confiesa estar sufriendo de amor. El habibi no da noticias y ella empieza a poner en duda que vuelva. Entonces una amiga se le acerca y le canta una canción con la clara intención de consolarla. La homenajeada comienza a llorar y tras ella, todas y cada una de las asistentes con sus respectivas batas, papel de aluminio y su filme de cocina salvaguardando todas esas mechas en plena cocción.
Os invito a ver esta escena del minuto 37 al 40 del documental “El jardín perfumado” de Yamina Benguigui 4
La canción se alarga, se pueden oír los sollozos, los hipos. Y entonces sentencian:
“nos has dejado aún más destrozadas con tu canción”
No parece que fuera lo que quería, pero es desde luego lo que sucede. Hablar sobre el amor y su espera implica padecerla. Si el mecanismo catártico funciona, este padecer no es en vano: si bien es cierto que sufrimos, en última instancia nos alivia, porque lo hemos pasado tan mal como si el amado no fuese a regresar jamás y por tanto hemos experimentado la compasión y el miedo, aquello homeopático que da paso a una mayor “claridad” y a una fortaleza renovada. Si el mecanismo no funciona o no llega a completarse, nos podemos llegar a sentir verdaderamente defraudados al habernos expuesto a un amasijo de emociones en balde. Comúnmente se afirma que a veces hay que pasarlo mal para estar bien y en general lo que queremos es estar bien, preferimos reír que llorar.
Interpretar pop oriental me ha dado tres premios, soy una enamorada de ese estilo.
El romántico lo disfruto también, procurando permitirle al cuerpo que sea quien hable y no tanto la cara. Esto es algo en lo que trabajo actualmente. Os desvelo en exclusiva que estoy coreografiando una canción romántica.
¿Elijo la canción en función a mi estado de ánimo o es la música la que me influye a mí? ¿Cómo queremos sentirnos y cómo pretendemos que los demás se sientan?
Si 20 años no es nada, 25, tampoco. No lo son para todo lo que hay que contar ni para todas las maneras posibles de contarlo. Veamos hacia dónde nos lleva la canción siguiente. Sigamos su Melodía:
Repta por la planta de los pies
y se esparce en curva línea
porque no puede ser recta,
se hunde por entre la carne y le hace pliegues,
y hace fruncir la vista porque no la sigue,
hasta que se disuelve.
Creo que es y no es limpia,
que arrastra consigo algo que no es nuevo, algo que revierte,
algo a lo que se debe.
Cuando bailas la tierra cruje
como cruje el envoltorio del más barato de los caramelos.
Y no pierde solidez, solo se agrieta,
deseosa del milagro, cual labio antes del beso.
Cuando bailas se hacen chocar todas las copas de todos los reinos
y solo se festeja
porque, como en la risa, nada más cabe,
nada más se presta
Nada que no pase por ese terremoto breve que apenas carraspea
Para esperar después, sin grandes gestos
Al próximo soplo de Campanilla.
Y se escucha, bajito:
“Jesusito de mi vida, eres Niño como yo”
y se detiene.
1 Aspectos vinculados al concepto de tragedia para Aristóteles. Desglose realizado a partir de “La poética” de Aristóteles, por el docente y dramaturgo Santiago Sanguinetti. Enlace: https://ecu.edu.uy/sitioweb/aspectos-vinculados-al-concepto-de-tragedia-para-aristoteles/
2 Aspectos vinculados al concepto de tragedia para Aristóteles. Desglose realizado a partir de “La poética” de Aristóteles, por el docente y dramaturgo Santiago Sanguinetti. Enlace: https://ecu.edu.uy/sitioweb/aspectos-vinculados-al-concepto-de-tragedia-para-aristoteles/
3 Las dos caras del amor en la tradición árabe. W Saleh Alkhalifa
4 El jardín perfumado, de Yamina Benguigui https://youtu.be/xXg2px93u28?si=fGgHvgYG8XVlpUKR

